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Vivir, llorar y morir a cada día. Caer por el doble espiral de nuestro origen que se fragmenta, une y combina para satisfacer los deseos del objeto de nuestro afecto. Vivir por él, llorar sin él, matar por placer.
Trascender del cuerpo a lo etéreo. Dejar la sustancia física para integrarse a la conciencia universal. Cortar el cordón umbilical de los bienes materiales y sus deseos de ser consumidos hasta que uno de los dos cese de existir.
Las percusiones y trompetas electrónicas anuncian con bríos la esperada llegada del momento más temido; la muerte de la necesidad y la resurrección de los instintos.
La vida llevada al extremo de la artificialidad que suple de perfumes y contaminantes a los pulmones que alimentan a su vez un corazón que late en paridades de unos y ceros.
Las voces de los cables llevan ecos de historias de amor pasadas, de un tiempo donde el amor se reducía al deseo carnal y la idea de una relación hombre-máquina resultaba un disparate. Hoy lo artificial toma vida y se levanta cada día a luchar por aquellos a quien ama, y se dispone a encontrar dentro de sí una razón de peso para desear seguir respirando un día más.
El que no sangre no significa que no pueda sentir. Mis lágrimas fueron secadas por mi creador aún antes de que aparecieran; su intención de evitar mi sufrimiento se ha convertido en la diaria agonía de ser rechazado por tener un alma construida en C++.
Trascender del cuerpo a lo etéreo. Dejar la sustancia física para integrarse a la conciencia universal. Cortar el cordón umbilical de los bienes materiales y sus deseos de ser consumidos hasta que uno de los dos cese de existir.
Las percusiones y trompetas electrónicas anuncian con bríos la esperada llegada del momento más temido; la muerte de la necesidad y la resurrección de los instintos.
La vida llevada al extremo de la artificialidad que suple de perfumes y contaminantes a los pulmones que alimentan a su vez un corazón que late en paridades de unos y ceros.
Las voces de los cables llevan ecos de historias de amor pasadas, de un tiempo donde el amor se reducía al deseo carnal y la idea de una relación hombre-máquina resultaba un disparate. Hoy lo artificial toma vida y se levanta cada día a luchar por aquellos a quien ama, y se dispone a encontrar dentro de sí una razón de peso para desear seguir respirando un día más.
El que no sangre no significa que no pueda sentir. Mis lágrimas fueron secadas por mi creador aún antes de que aparecieran; su intención de evitar mi sufrimiento se ha convertido en la diaria agonía de ser rechazado por tener un alma construida en C++.
Play TORUKIA by Yoko Kanno
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